Sobre llovido, mojado

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*Por Sebastián Giménez. Escritor.
Autor del libro “Veinte Relatos Cuervos”libro “Veinte Relatos Cuervos”.

Siempre que llovió, paró reza el dicho. Pero ayer siguió lloviendo en una tarde soleada en el Nuevo Gasómetro.

Luego de una semana convulsionada por lo ocurrido en Córdoba, era la ocasión de ponerse de pie frente a la gente, con una actuación y un resultado que sirviera para cerrar heridas.

Pero curiosamente, con la obligación de ganar, San Lorenzo se paró de contraataque jugando de local frente a Racing. No era que estábamos en el Maracaná y jugando contra el San Pablo de Telé Santana. Enfrente estaba el último campeón del fútbol argentino, está bien. Se podía ganar, empatar o perder como cualquier partido desde que el fútbol es fútbol. Había que trabajar el partido, tomar precauciones pero tampoco era cuestión de atemorizarse. Pero jugamos de contraataque. Nunca pero nunca sabremos si fue una decisión táctica de Monarriz o el equipo está jugando tan mal que no queda otra. O sea, cuando la podemos recuperar sacamos el contraataque porque no hay nadie que pueda organizar medianamente el juego. Tenerla, cambiarla de lado, retroceder cuando hay que retroceder y avanzar cuando hay que avanzar. Nada de eso entendió o le salió a San Lorenzo. Aún así, tuvo dos ocasiones Ángel Romero en el primer tiempo.

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Paró línea de 5 el DT Monarriz. Tres centrales. Repito, tres centrales que no son improvisados que empezaron a jugar ayer precisamente. Y, en un centro, Martínez quedó completamente solo para cabecear. No es que Martínez le ganó a Coloccini, o le ganó a Donatti o a Gonzalo Rodríguez en el salto, cosa que siempre puede pasar. Estaba completamente solo como Pancho por su casa o como Monárriz en el día de ayer. En un estadio colmado, pareció un hombre solo, el capitán a bordo del buque intentando salvar el barco cuando los pasajeros ya se fueron en los botes. La regla del mar, la regla del fútbol. Uno a cero. Fin del primer tiempo.

El segundo tiempo fue aún peor, inenarrable partido. Adentro Nacho Piatti y el pibe Hausch. Cambios ofensivos, Monarriz hizo en el último partido modificaciones audaces. Quiso huir hacia adelante. Pero la base no está, como diría el Bambino Veira. Once voluntades corriendo para todos lados, un caos y una desolación de un equipo absolutamente impotente. Lo que a San Lorenzo le costó recuperar la pelota no tuvo nombre. En la mitad de cancha nadie raspó, lo que daríamos los memoriosos por tener un Fabián Carrizo, un J.J Cardinal por lo menos para recuperar la pelota. Tipos que ganaron y perdieron partidos, que jugaron mejor o peor pero que recuperaron dos millones de bochas. O un Michelini, un Mercier, madre mía. Ayer, nada.

En la última función el San Lorenzo de Monarriz reunió lo peor de los ciclos fallidos de Pizzi (nadie raspando en la mitad) y Almirón (sin ideas de ataque). Fue una verdadera paliza de Racing el desarrollo del partido, un rival que jugó sencillo, pasando la pelota al pie y que casi que no quiso liquidarlo, como un huésped que guarda las reglas de cortesía con su anfitrión. Hausch empezó por la izquierda y terminó por la derecha, como tantos gobernantes de nuestro país, pero en ninguna de las bandas le llegó la pelota porque San Lorenzo no pudo siquiera sostener el balón. No es que llegaba a tres cuartos y le faltaba profundidad, el equipo no podía llegar ni a la mitad de cancha con pelota dominada.

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Para destacar, alguna jugada de Nacho Piatti en las que demostró jerarquía pero muy solo, como turco en la neblina. Le tuvo que pegar al arco desviado desde afuera, porque nadie se mostraba por adentro ni por ningún lado. El colmo de la impotencia fue la jugada del tiro libre que nos dio el árbitro adentro del área, por un pase fallido de un volante de ellos que interpretó como asistencia al arquero. Ni estando a cuatro metros, le pudimos pegar al arco. Ni jugando de local, pudimos enarbolar un ataque. No hubo asedio al rival, nada. Podía haber durado veinte minutos más el partido y hubiera sido exactamente lo mismo.

La semana ajetreada no anunciaba nada bueno. Otra derrota. Un equipo que no se rebeló al destino. Aliento, murmullos, malestar, aliento otra vez, silbidos Día de sol, pero en San Lorenzo, sobre llovido, mojado.

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