Y diez más

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros VEINTE RELATOS CUERVOS y CUARENTENA DE RELATOS CUERVOS.

Qué semana la del equipo de San Lorenzo. Empate, derrota ante Huachipato y victoria ante River. Del partido bueno y digno en Brasil pese a la eliminación, viajó sin escalar a un partido frente a Argentinos Juniors, en que en el segundo tiempo fue completamente dominado por el rival. La derrota contra los chilenos el miércoles jugando pésimo, sin asentarse nunca en la mitad y fallando también en el área las pocas que tuvo. El fútbol es esa transición entre el gol errado por Jalil Elías debajo del arco frente a Argentinos y su definición en el Monumental. Dos jugadas casi idénticas, con desborde de Ángel Romero por izquierda. En la primera, impactó de primera en el segundo palo perdièndose la pelota afuera. Ayer tuvo la suerte que el desborde no fue tan repentino, con la transición en la Uvita Fernández, que no pudo conectar pero le permitió leer por anticipado la trayectoria de la pelota y abrir bien el pie para asegurar la definición.

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Frente a River, San Lorenzo arrancó veinte minutos aceptables, parado más o menos decorosamente en la mitad de la cancha y con la delantera punzante. Analizando el juego del equipo en los últimos partidos, la sensación es que en los extremos estamos bastante bien, con delanteros veloces, filosos, punzantes y dos zagueros que sacan todo de arriba, otra vez versus River Donatti y Braghieri. Tuvimos situaciones de gol en ese primer tramo. Uvita Fernàndez definió cruzado y afuera, en otra lo tapò Armani. Ángel tuvo otra que salvó Montiel. La cuarta que tuvimos fue la remake de la ocasión perdida por Higuaín en la final del Mundo 2014. Enzo Pérez cabeceó hacia atrás y le dio una asistenciaa involuntaria. Uvita Fernández la paró como en el patio de su casa y definió con tranquilidad. Uno a cero. Pero pasaron los veinte minutos y eso para el equipo de Dabove puede ser fatal, un equipo de lapsos cortos, que no lleva prevalencia en casi ningún momento del juego. Que pierde casi todas las divididas, lo desbordan, le empiezan a cascotear el rancho por una mitad de cancha que no contiene a nadie. El dominio del partido ya no estaba ni siquiera en disputa, San Lorenzo lo entregó o River lo tomó por su mayor jerarquía y movilidad en la mitad de la cancha. Y empezaron a sucederse las llegadas de los locales agigantando la figura de Sebastián Torrico. Tapó dos mano a mano tremendos, uno que le definieron al cuerpo y otro que achicò extraordinario, un tiro cruzado, descolgò centros. Fue el capo del àrea, junto a los centrales que rechazaban los centros, en especial Donatti.

Segundo tiempo y más o menos lo mismo. Aguantar y salir rápido, esa era la cuestión. Y vino el segundo gol, el que contamos de Elìas. Entrò Troyansky y casi clava un zapatazo en otro contraataque. San Lorenzo jugò sin mitad de la cancha, otra vez. Y lo terminò ganando en las dos àreas. Pero hay que saber que se impone buscarle una soluciòn a ese sector de la cancha que decide el trámite de los partidos. Bien en los extremos, mál por el centro, el equipo no avanzó en su juego prácticamente nada en comparación a aqué partido que ganamos con golazo de Gaich en el mismo escenario.

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En los dos juegos, aquèl y èste, una figura excluyente: Sebastiàn Torrico. Que siguió tapando mano a mano, capturando centros, atrapando las fàciles y las imposibles. Hasta desviando con la vista la última clara de River en el cabezazo hacia el travesaño. Un hombre que, como San Lorenzo, se rehace de las cenizas. Cuarenta y un años y escuchamos, hace cinco meses, que se había lesionado. Ya está, pensamos varios. Medalla, estatua, plaqueta y beso. Ya està las pelotas. Ya està ahí, repitiendo la hazaña en el Monumental. Cuando se pone en ese modo on fire, es casi indestructible y River sólo pudo descontar porque se la desvió en el camino el esforzado Donatti y aprovechando el rebote Girotti. Un año y medio después, nos sigue dando alegrías. Mira la cámara sonriente pero con naturalidad cuando le dan el premio al mejor del partido. Habla de trabajo, humildad. Siempre correcto, pero usted Sebastiàn es un arquero soberbio. Y ayer, otra vez, fueron Torrico y diez más. Y diez más.

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