Vamos vamos los pibes

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor del libro Veinte Relatos Cuervos y Cuarentena de Relatos Cuervos.

 Ustedes eran chicos, como se dice muchas veces en la selva twittera. Recuerdo el año 2000 en que el país se debatía en una crisis social tremenda que eclosionaría un año después. El técnico de San Lorenzo era Oscar Ruggeri, y calculo que los números del club estarían en rojo más o menos como siempre en ese último año de gestión de Fernando Miele. Y el DT empezó a poner a pibes en la cancha para darles rodaje, porque no había un mango o porque creía genuinamente en sus posibilidades, o por las dos cosas juntas. De ahí empezaron a despuntar Romagnoli, Erviti, Estévez, Morel Rodríguez. Otros no llegaron a tanto, como Tiqui Tiqui Di Lorenzo o Gallardo, un mediocampista de contención. Y la gente festejaba la audacia del técnico coreando: “Vamos a ganar, que griten todos vamos vamos los pibes / esta es tu hinchada la que te sigue / y la que nunca te va a abandonar”.

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Y ahora, en noviembre de este 2020 de pesadilla por la crisis sanitaria y social, San Lorenzo jugó un partido excelente en Mar del Plata. De los cuatro goles, tres lo metieron los pibes. A Mariano Soso no le entendemos a veces las indicaciones, los cambios (Peruzzi por Salazar, que había jugado bien) pero una intención aparece clara: darle pista a los pibes de una buena vez. Pasó Jorge Almirón y dijo: abajo no hay nada. Y jugaron el Grueso Torres y Rentería, madre de Dios. Pasó Monárriz y comenzó a fomentar a algunos pibes, pero en la defensa fue conservador: defendíamos con tres centrales y todos experimentados, no se atrevió a incluir a Gattoni en la última línea, ese pibe que otra vez demostró sus cualidades. Centro de Piatti y cabezazo espectacular para meterla en el segundo palo. Y unos cruces abajo que dan una solidez tremenda a la dupla que forma con el Flaco Donatti en la zaga central. El joven y el experimentado, esa argamasa por ahora exitosa y consolidándose.

Ganamos todas las divididas pero todas, eh. Que casi no parecía San Lorenzo el equipo. El segundo gol lo metió Nacho Piatti, que volvió a ser de a ratos en ese primer tiempo el de la Copa 2014. Pero ese gol fue fruto de que había cinco jugadores en el área, viejo. Cinco, jugando casi como en la década del 30. Si la hubiera reventado un marplatense no sé qué hubiera pasado, pero abajo estamos tranquilos que la bancan el Flaco y Gattoni. Nacho definió de zurda, con esa facilidad para pegarle con las dos: con la derecha, el centro del primer gol. Con la zurda, la conquista del segundo.

El tercer gol también de un pibe, en una jugada donde participaron dos de los juveniles. Que vamos, vamos los pibes. Que salió lejos el arquero de Aldosivi, y Alexander se la trabó ganándole la pelota. Pateó hacia el arco dibujando la trayectoria una hermosa emboquillada para superar a los defensores. Pero pegó en el travesaño. Y aquí apareció el otro protagonista, Mariano Peralta Bauer. Actuó con inteligencia ubicándose manteniéndose expectante al acecho ante un eventual rebote en el horizontal o un rechazo agónico del defensor. Si hubiera sido precipitado, habría perdido la oportunidad. La pelota dio en el travesaño y cayó donde él la esperó, metiéndola al arco de zurda.

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En el segundo tiempo continuó la aplanadora por cinco, diez minutos. De forma temprana, desborde de Menossi y definición impecable de Alexander Díaz, un tractorcito que hace acordar un poco al Beto Acosta. Vamos a ganar, que griten todos vamos vamos los pibes. Que ni nos acordamos por noventa minutos que faltaron los Romero. Que, cuando un equipo se encuentra, las individualidades no son tan determinantes como el excelente andar colectivo. En el correr del segundo tiempo, se perdió un poco la fluidez y el gol de Aldosivi luego de la falla de Monetti quitó un poco el impulso, pero no haciendo mácula en un partido excelente. Fue tiempo de darle minutos a Sabella, Fernández y Hausch. Una apuesta que tiene sus riesgos pero había que hacer, aún cuando el equipo pueda encontrarse eventualmente con algún sinsabor o traspié en el camino. Que esto es fútbol, pero estoy convencido como varios que hay que bancar a esta nueva camada de pibes que mucho prometen y empezaron a concretar. Como en aquél año 2000, que incubó al mejor San Lorenzo en mucho tiempo, el del Ingeniero Pellegrini que campeonaría en el 2001. No sabemos si tendrá el mismo final o resultado, pero el intento bien vale la pena y apostar a jugadores del club siempre es tiempo ganado. Vamos, vamos los pibes.

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