Todos los caminos conducen al cinco

Por Sebastián Giménez. Autor del libro “Veinte relatos cuervos”

Todos los caminos parecen conducir a que se destaque el número cinco cuervo. No llegamos a ninguna Roma, tantos juegos sin ganar y sin encontrar el rumbo, extraviado. Antes, se destacaba Piris Da Motta. En partidos más cercanos, Poblete. Ahora, el colombiano Raúl Loaiza. También anduvieron bien Senesi y Coloccini, los centrales. Que pareciera que no la podemos sacar del embudo del medio del terreno de juego.

Con el Rojo replegado, la pelota circuló casi como en un partido de básquet, por tres cuartos. Lástima que en el fútbol no hay tiempo límite para tirar al arco, viejo. Cuánta falta nos haría una reglamentación así, un tope de tiempo para meterla en el área por lo menos. Tiki, tiki sin profundizar, con monopolio casi absoluto de la pelota pero sin lastimar. Estamos jugando a la ronda, parece. Somos un jugador de Play Station con un joystick donde se rompieron dos teclas: la R2, esa que da la aceleración, y el triángulo, ese que sirve para el pase entre líneas. Para el desequilibrio. Nos anda bárbaro el círculo del joystick, que sirve para barrer, para trabar con el colombiano en la mitad de cancha. Luego, pases al pie circulares. Para acá, para allá, para ninguna parte.

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Si seguimos jugando así, nuestro número cinco va a seguir agigantando su figura que hasta va a parecer el Conde Galetto y Michelini juntos. Entrega y precisión indudables mostró Loaiza. Pero luego de siete partidos del nuevo ciclo sin ganar, estamos necesitando imperiosamente que comiencen a destacarse los otros, los Belluschi; los Botta (perdón por la osadía de pensarlo); los Fértoli; los Blandi. O alguno de los diez muchachos que trajimos. Alguien que pueda tirarla para adelante por lo menos. Pegarle al arco, aunque más no sea para colgarla de la popular.

Esa anemia de un equipo que no lastima no es nueva, claro. El actual técnico cree ver una variante en incorporar, en llenar con diez nombres ese vacío. Que alguno tiene que andar, viejo. Por eso a veces nos desilusiona el colombiano Torres en estos primeros partidos, que para pararla y devolverla hacia atrás ya teníamos pibes del club. Que esperamos algo distinto, velocidad, precisión, agallas de buscar lo distinto sin miedo a equivocarse.

Es tan mediano nuestro juego, y en la mitad volvemos a caer en el cinco. Que la rompe, vaya mi reconocimiento para él. Eso no está en duda. La incertidumbre pasa por el futuro del equipo si la figura continúa siendo él, y su buen andar no comienza a ser opacado por pases entre líneas; paredes; desbordes; tiros al arco. Y goles, claro. Goles, que de eso se trata el fútbol si querés ganar.

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