Señores, yo soy de Boedo y soy hincha del Ciclón. Postales de una caravana inolvidable

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor del libro “Veinte relatos cuervos”

Primero de julio de 2019. Una hazaña inolvidable que se concreta con la recuperación de los terrenos. Avenida La Plata al 1700. Y la gesta invita a traer aquella poesía de tango de Aníbal Troilo, esa que dice que alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. ¿Pero cuándo? Si siempre estoy llegando. Ahí marchamos, llegando, volviendo miles y miles de cuervos.

Antes de la procesión, la misa que diera el padre Quique en la capilla de San Antonio. El lugar emblema donde naciera todo. En la pequeña nave del fondo de la capilla, un cuadro de Lorenzo Massa. Iglesia y fútbol. Pasión y religión, todo mezclado. Como un reconocimiento al origen, porque podés ser o no cristiano pero al ciclón lo apadrinó un cura. Si hubiera sido un comunista, hubiéramos agarrado la hoz y el martillo. Si hubiera sido mormón o evangelista el fundador, nos vestíamos de traje. Y la iglesia repleta, con las banderas azules y rojas flameando desde los bancos de madera. Y las contestaciones al prelado teñidas de humor, las canciones de iglesia devenidas en estrofas de cancha. Y podemos ir en paz, dice el sacerdote. Y la gente contesta: ¡El ciclón, el ciclón!, con el ademán de los brazos en alto. Y se recuerda a otros mentores espirituales del ciclón, como el padre Pizzuli, que vivía en la calle Quito, a tres cuadras de San Antonio. Lo recuerdo de haberlo visto innumerables veces de sotana negra siguiendo a San Lorenzo, cuando hacíamos de locales en Ferro y luego en el Nuevo Gasómetro. Los asistentes le ofrecen el mismo rol al padre Quique.

El tranvía ya no surca esas calles, sí la carroza que inicia la caravana por avenida Independencia. Varias glorias que reúnen a distintas generaciones de cuervos. El abuelo, el hijo, el nieto. Sanfilippo. Sapo Villar. Bambino Veira. Pipo Gorosito. Romeo. Torrico. Coloccini. Pipi Romagnoli. Muchos nombres más que no están pero siguen en el corazón de todos. Porque la importancia de lo individual se disuelve en lo colectivo, en la marcha de miles hacia tierra santa. San Lorenzo es la humildad de uno de los gestores, Marcelo Cullota, saliendo de San Antonio y fundiéndose en la multitud. Los hermanos Res, Daniel Peso, la Subcomisión del Hincha. Siempre te podés olvidar de alguien, pero lo importante es la multitud del 1 de julio. Quisieron privatizarte pero yo a vos no te vendo, canta la gloriosa en esa travesía. Porque lo público se adueña de todo y lo privado carece de toda importancia. No importa quiénes están, arriba de la Carroza o abajo, en los escenarios o afuera, sobre Avenida La Plata. Importa que somos muchos, inconmensurables. El pueblo azulgrana marchando a recuperar su lugar en el mundo.

La caravana llega a avenida La Plata, y gira hacia la izquierda, claro. Y el barrio fiel que saluda el paso de la gente. Una anciana saluda desde una ventana emocionada con una camiseta. Es festejada por la multitud, que la invita a sumarse. Porque a pesar de todo lo que hemos pasado, San Lorenzo querido siempre estaré a tu lado, se regodea la gloriosa. Que recuerda el descenso, la pérdida como una arista más de su grandeza. Somos lo que todo lo soportamos. Que nos fuimos al descenso y nos vendieron la cancha. Pero lo que nunca pudieron fue parar esta hinchada. Que sigue fiel pase lo que pase. En las buenas y en las malas, porque ganes o pierdas a mí no me importa nada.

Apenas se puede caminar por Avenida La Plata tan poblada de gente. Codo a codo, caminan a tomar lo que es suyo. Porque demostraron que no existen utopías. Porque echaron a una multinacional francesa de tierra santa. Porque San Lorenzo está llegando, otra vez. Llegando y volviendo. A recuperar lo que siempre quisieron los mentores de esta verdadera locura que de tanto andar se volvió cuerda. La identidad y la pertenencia a un barrio de corazón. Porque señores, yo soy de Boedo, y soy hincha del ciclón.

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