Que vuelva a nacer San Lorenzo

Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros VEINTE RELATOS CUERVOS y CUARENTENA DE RELATOS CUERVOS.

Qué bárbaro San Lorenzo, viejo. Otra actitud el equipo, otro temple para ganarle a Rosario Central desde el minuto uno al noventa. No duró quince minutos el equipo de Dabove, mejor así. El triunfo de la jornada anterior frente a Estudiantes iba a servir como condición, como punto de partida de un despegue futbolístico. Porque había jugado mal, con temor San Lorenzo, replegado, pegándole para arriba. Caminando por la cornisa, o como un nadador buceando hasta el otro extremo de la pileta. Tenés que llegar hasta la meta no importa cómo, sin estilo, pataleando, braceando bajo el agua sin aire y asomar al fin la cabeza. Y San Lorenzo asomó, tomó aire contra Rosario Central, en el día después de su fundación y en la fecha del recuerdo a los veteranos y caídos en Malvinas. Como una parábola de su historia, naciendo, tropezando, cayendo y levantándose una y otra vez.
En el primer tiempo, San Lorenzo pudo usar la mitad de la cancha después de mucho tiempo y mostró algunas combinaciones interesantes. Patearon Oscar Romero y el pibe Palacios de media distancia. Aportaron los laterales, los carrileros, los delanteros. Los rosarinos tuvieron algunas réplicas veloces que pudieron ser conjuradas por suerte. En una quedó por el piso Braghieri y no llegaron a empujarla por el segundo palo. En otra, lo superaron a Gattoni y tapó Devecchi. El partido de San Lorenzo tuvo sus bemoles, pero cuando hubo fallas las salvó un compañero, que de eso se trata al final un equipo.

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El fútbol es un estado de ánimo, dijo alguna vez el Bambino Veira. Franco Di Santo andaba con zapatos de astronauta en el campeonato pasado, ahora parece una saeta luego del golazo a Huracán, que se desliza sobre patines. Erra el primer gol, concreta en la segunda oportunidad idéntica y luego cruza como lateral derecho o izquierdo en el fondo de la cancha. El gol y la oportunidad perdida se las sirvió Braghieri ganando de arriba. En el fondo, lo había humillado un rosarino sobre la derecha dejándolo por el piso pero luego se repuso y asistió dos veces al goleador. Caer y volver a levantarse, el equipo mostró otra actitud. Bien Palacios, Melano se pareció al de Lanús, Peruzzi cumplió aún con limitaciones, correcto Rojas. Hasta Jalil Elías, que todavía no se encontró del todo, casi mete un gol.

Hacia el final, que no era cómodo para San Lorenzo por lo corto del resultado, Devecchi transmitió seguridad y los hermanos Ángel y Oscar Romero aguantaron la bocha e hicieron pasar el tiempo sacando de quicio al rival y definiendo el partido. Esta vez el técnico hizo variantes más lógicas y acompañando el andar del equipo, sin caprichos o decisiones desconcertantes. Con más aire, la mente puede volverse más lúcida.

Segundo triunfo consecutivo que lo deja a tiro del cuarto puesto para disputar las instancias definitorias. En la semana de la fundación, del recuerdo de Lorenzo Massa, y de los socios refundadores que recrean esa mística participando de la audiencia pública pidiendo la rezonificación y levantar los escalones en Boedo. Entre el recuerdo y el futuro, esta vez el presente del equipo estuvo a la altura. Que sea el despegue del equipo, que vuelva a nacer San Lorenzo.

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