Que no se corte el envión

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor del libro “Veinte Relatos Cuervos”

 Clasificamos a la Sudamericana, me dijo mi hijo Santiago, el domingo pasado. No, le dije. La tabla de clasificación a las Copas sigue. ¿Cómo, si terminó el campeonato?, me insistió. Sí, la Copa de la Superliga se llama el nuevo torneo pero la otra tabla continúa. Le costaba entender, como a todos, la lógica escabrosa del torneo argentino.

Terminó el campeonato y, pasados cinco días, arrancó otro. Sin gente en la cancha por el coronavirus, la peste que viene a embarrar todavía más la organización de los torneos. Y San Lorenzo comenzó como terminó, en alza.

Leé también Oscar Romero: “La clave fue la actitud, eso no se negocia”

El once inicial trajo algunas novedades. Ingresos de Peruzzi, Ramírez y Gonzalo Rodríguez, variantes obligadas. Una dupla de centrales con demasiada experiencia, que ayer volvió a padecer en algunos momentos. Un doble cinco donde prima la contención y falta el juego, la secretaría técnica siguió postergando a Menossi, que ayer jugó quince minutos.

Arrancamos abajo, y en otros momentos (hace tres semanas) hubiera sido decisivo por eso de que el fútbol es un estado de ánimo, como dijo una vez el Bambino Veira. Pero lo empató Adam Bareiro, el paraguayo por el que nadie daba ni $5 de los que salieron de circulación hasta la semana pasada. Lo veíamos voluntarioso pero pesado al paraguayo, ahora aparece con una contundencia asombrosa, tres goles en dos partidos. Fue a buscar un bochazo largo que disputó con el arquero, que quedó en el camino y la empujó al arco vacío. Uno a uno.
El segundo tiempo arrancó con un mano a mano que le sacó el arquero Ibáñez a Ángel Romero. Luego, se vio a los de Paraná con un mayor dominio de la pelota sin contundencia a la hora de llegar al arco. Le faltó profundidad a Patronato. Torrico dio seguridad ante un par de intentos frontales de los locales. San Lorenzo aparecía deambulando por la cancha sin grandes ambiciones. Un punto era un punto, parecía traslucirse en una cancha siempre difícil. Todo hasta el minuto 38.

Qué bien Piatti, me dijo mi hijo cuando tomó la pelota por la izquierda. Yo no lo corregí, la vista de lejos un poco borrosa con el paso de los años me engaña. Llegó al fondo luego de una jugada fenomenal desparramando al lateral derecho local y sirvió el centro para Oscar Romero, que dominó y definió rápidamente. No le pegó tan bien, pero entendió que era cuestión de velocidad más que de acomodarse para darle con precisión. Gol, carajo, nos abrazamos. En la repetición, nos dimos cuenta que había sido Gaich el del desborde. Que el 9 de área corpulento desbordó en esa cancha de dimensiones reducidas haciendo una finta memorable. Gaich hizo lo que hacía Piatti, unos años atrás.

Leé también Adam Bareiro: “El equipo está muy fuerte después de mucha irregularidad”

Apretó un poco Patronato con empuje y poca claridad. Ollazos al área para sacarle chichones a los centrales, haciendo el juego que a San Lorenzo más le conviene. Y la recuperó Oscar Romero detrás de la mitad de cancha con todo Patronato adelantado. Cuando vi que sacó el tiro dije: ¿Qué hacés? Tenelaaaa. La “A” se prolongó cuando vi la parábola de la pelota dibujando una emboquillada que cayó por detrás del arquero y me tapó la boca. Golazo. Tres a uno.

Los cuestionamientos al once inicial quedaron momentáneamente en el olvido. Primera fecha. Tres de tres. Nueve de nueve en la otra tabla, la del descenso y la de las Copas. Y la pelota sigue rodando. Y ojalá la peste no nos corte el envión.

Si querés seguir informado con toda la actualidad de San Lorenzo de Almagro seguinos en nuestras redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram o Youtube), suscribite de forma gratuita de nuestro Canal de Telegramo Seguinos en Google News.