Ponga huevo, huevo San Lorenzo

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor del libro “Veinte Relatos Cuervos”

Ponga huevo sin cesar. Que esta tarde cueste, lo que cueste. Que esta tarde tenemos que ganar. El equipo entendió el mensaje que traduce el canto de la hinchada cuerva.

Plantó un equipo para defender con 4 Monárriz al final. Bien, podría decirse casi que era el mejor equipo que podría formar, con el debut del pibe Palacios de entrada. Y el pibe pagó la confianza con un gol en que definió con una sangre fría que me hizo recordar a uno de Darío Botinelli en la Bombonera. De menor factura el de ayer, pero ejecutado con la misma prestancia y naturalidad. La armaron los dos Romero, enhorabuena, la pivoteó Uvita, acompañó Ramírez. Hacía meses que no veíamos una jugada arrancar detrás de la mitad de cancha para terminar gritando el gol cuatro segundos después. Velocidad, vértigo, precisión.

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Partido parejo en el trámite hasta la expulsión de Coloccini, que viene de racha negativa. No se animó a sacarlo Monárriz, se sacó él solo al final. Se tiró con demasiada enjundia no siendo el último hombre en el borde del área. Se lanzó con la misma actitud del equipo ayer, como si fuera la última, le falló el cálculo. Un pequeñísimo detalle, como diría el agente 86, que nos dejó con diez al final del primer tiempo. Afuera Uvita, adentro Gonzalo. Nadie entiende ni la expulsión de Lamolina (que fue justa), ni el cambio de Monárriz. Que nos imaginamos que Fernández podía tener velocidad para los contraataques.

Segundo tiempo y Vélez tuvo la pelota el 85 por ciento del tiempo. Un dominio territorial abrumador que no encontraba oposición prácticamente hasta el último cuarto del campo. Y tuvieron sus situaciones, que definieron mal o conjuró Torrico, en especial un tiro esquinado que parecía sencillo pero le picó cerca del cuerpo y se deslizó con veneno esa pelota, y el tipo vino a estirar el brazo con un zarpazo desviándola justo. En ese mismo arco, en el 97, al gran Flaco Passet lo venció Trimarchi, de Gimnasia de Jujuy, en una jugada muy parecida.

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Vélez tenía la pelota, pero al equipo de Heinze no le resultó sencillo llegar al arco rival por la muralla de diez voluntades que corrían para recuperarla. ¿Jugó San Lorenzo el segundo tiempo? No. ¿Aguantó? Sí. Todos se pusieron el overol. Oscar, Ángel, el pibe Palacios que corrió un pase de Oscar al vacío luego de 70 minutos encima de no parar y llegó como si fuera el pájaro Tedini. Conmovedor y útil lo de Ángel Romero, porque aguantó como 9 contra todos los de Vélez, cubriendo la bocha con el cuerpo, haciéndoselas rebotar, volviéndolos locos hasta la expulsión final del zaguero visitante. Los hizo calentar, sacándolos del partido. Me hizo acordar a mi primo Diego, con el que en los veranos coincidíamos en la playa y hacíamos algún picadito. Un suplicio para mí, porque el primo cubría la pelota con el cuerpo, y si intentaba escurrir una gamba para quitársela, la sacaba por el otro lado y me dejaba parado. Quedaba sólo una alternativa para sacársela y era revolearle una patada, pero con el primo me unía y une una gran amistad que me la prohibía. Otra cosa fue ayer en el Bidegain, y a Ángel se la dieron. Y se escurrieron los últimos minutos. Y cuando los de arriba la perdían, aparecían los de abajo para revolearla a la mierda como Cachila Arias.

Y se ganó. Y punto. Punto y seguido. Sin juego, con otro ánimo. Se puso huevo, mucho. Como amerita la camiseta de San Lorenzo. Era necesario ganar. Cueste lo que cueste. Y caiga quien caiga.

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