Póker de errores para una humillación

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros VEINTE RELATOS CUERVOS y CUARENTENA DE RELATOS CUERVOS.

Qué difícil es escribir para explicar el desastroso y humillante partido de San Lorenzo. Que empezó lanzando catorce córners, dominando territorialmente a Central Córdoba, merodeando el área. Hasta el minuto 12. Bruno Pitton rechazó de derecha y al medio, lo contrario a lo que enseñan los manuales de fútbol de principiantes. Latigazo de fuera del área a la ratonera de Bay y uno a cero. Clinck caja. Los santiagueños tranquilos se replegaron y volvieron a entregar la pelota a San Lorenzo, para que hiciera lo que quisiera con ella, para que se entretenga como con un chiche. Lateralizando, con pases al pie, nunca al espacio, sin desmarcas, sin sorpresa, sin gambetas. Lo más peligroso fueron un par de apiladas de Ramírez. En la segunda, sobre la derecha realizó un gran desborde y tiró un lindo centro que, si hubiéramos tenido un Romeo, un Pampa Biaggio, un Mauro Matos era gol. Cabeceó defectuosamente Ángel Romero, delantero de grandes cualidades pero no un 9 de área hecho y derecho, y la pelota se perdió bombeada cerca del segundo palo. Uno a cero terminó el primer tiempo.

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Comenzó la etapa complementaria sin cambios en el once azulgrana y, en los primeros ciento veinte segundos parecía que San Lorenzo había entrado con actitud de llevarse por delante al rival. Pero llegaría el segundo error, una salida del fondo que compromete a Elías, que pierde. La dominó Milton Giménez pero estaba a cuarenta metros del arco y sin compañía. La pelota venía picando y le pegó el delantero por encima de un demasiado adelantado Monetti. Dos a cero. Un ratito después, Gattoni entregó corto a Monetti y definió Lattanzio. Tres errores, tres goles. Por eficacia del rival y porque fueron errores que ayudaron mucho a esa contundencia. Hasta el pibe zaguero central de la cantera azulgrana, que impone personalidad en la cancha (aún después del error) y rinde bien siendo de los más parejos, falló en la noche negra del equipo, un sustantivo que no describe adecuadamente ese racimo de once individualidades.

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Tres a cero y al partido le sobró media hora. Pareció un picado que se juega en la plaza donde el padre deja que el hijo se floree con toques, firuletes, y cuando se cansa el viejo sale del arco y le mete un gol al púber. Dos, tres, cuatro goles para templarle el carácter. El segundo tiempo sirvió apenas para confirmar que Oscar Romero le puede pegar bien en los tiros libres y que Uvita Fernández es un jugador rápido. El equipo fue casi completamente inofensivo e hicimos destacar a un colombiano que se llamara Rentería, como aquél delantero azulgrana, pero juega de tres. Sobre el final, un córner que cae al área, le erra Braghieri y gol de Salomón. Cuatro a cero.

Se derrumbó todo como en un castillo de naipes casi que trayendo esa derrota cuatro a uno contra Banfield de la última jornada del torneo pasado. Pero va la fecha tres, madre de Dios.

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Un partido espantoso de San Lorenzo, que se hizo literalmente cuatro goles. Se aproximan instancias importantes y el clásico de barrio. Una ocasión de rediimirse o seguir cayendo, sin saber hasta dónde.

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