Otra oportunidad

Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros VEINTE RELATOS CUERVOS y CUARENTENA DE RELATOS CUERVOS.

Ganó San Lorenzo. Punto y seguido, incluso para el ciclo de Diego Dabove en el club. El hombre salió airoso con su estilo y sosteniendo esa guerra fría con los Romero, los preferidos del hincha. Perder o incluso empatar le hubiera sido muy caro, todos lo sabemos. Pero el tipo parece que va a morir, cuando le toque, con las botas puestas. Faltaban cinco minutos para quedarse fuera del Mundial 2002 y Bielsa ordenó el cambio: Crespo por Batistuta. El hombre no acumulaba dos número nueve en el área ni en esa situación, quedándose afuera coherente en la suya. En este caso, casi seguramente sería eyectado del cargo con un Romero (sobre todo, Oscar, relegado) por lo menos en el banco de suplentes y sin ingresar en el partido definitorio.

Un primer tiempo en que el equipo se puso en ventaja sin dominar en ningún momento el partido. Di Santo desbordó por izquierda, que cuando no hay juego en la mitad de cancha los delanteros se tienen que poner el overol y hasta el nueve de área tiene que ir por la punta. Definió bien la Uvita Fernández, redimiéndose de jornadas de ausencias sin saber bien por qué habían tenido lugar. Gol y a otra cosa. Uno a cero y a los herederos de Bilardo le hicimos padecer su propia receta. San Lorenzo no presionó en lo más mínimo a Estudiantes hasta que no pasara la mitad de la cancha con la pelota dominada. Sin mucho juego ni del uno ni del otro lado, las jugadas de pelota detenida resultaron importantes y en una de esas, le anularon mal un gol a Di Santo, con lo que cuesta madre de Dios. El delantero luego se perdió el segundo tras asistencia de Uvita Fernández y el Pincha estuvo cerca en dos chances que tapó bien Devechi. Cuando estás muy lejos de establecer un patrón de juego o dominar al rival, el partido se encuentra pendiendo de un hilo, y esta vez tuvo suerte San Lorenzo.

Porque el segundo tiempo directamente ni lo jugó. Se replegó casi completamente sobre su campo, como herido en su autoestima y con temor a perder lo logrado. No pateó al arco probablemente durante los primeros veinticinco minutos. Estudiantes fue, atacó pero sin claridad por suerte. Los centrales Donatti y Braghieri sacaron todo y éste último se especializó en reventarla cuanto más lejos mejor. ¿Hubo sucesión de pases? ¿Se defendió teniendo la pelota San Lorenzo? Nada más lejos que eso. En la mitad, el Torito hacía lo que podía y Troyansky oficiaba de doble tres ayudando en la marca a un frágil Pittón. El pibe Palacios tuvo despliegue, Herrera también, esa derecha del equipo del que puede salir algo siempre, en medio de la mediocridad general. Ramírez no pudo hacer pie, corrió mucho pero ese medio no sostuvo en ningún momento la pelota. Arriba, Di Santo aprovechó las poquitas que le quedaron. Se tuvo que fajar con los centrales toda la noche, recibiendo pelotazos a la bartola y con el compañero más cercano a una decena de metros por lo menos. Entró Rosané por Uvita Fernández, para marcar un poco más o hacer pie en el medio.

El segundo gol vino luego de una salida del lateral derecho, intervinieron Palacios, Herrera, Di Santo. Troyansy, el resistido delantero proveniente de Unión que pisó por única vez el área y dominó la pelota. La cubrió bien con el cuerpo, y la abrió a la izquierda para la definición de Ramírez, en el primer tiro al arco del mejor volante cuervo del campeonato. Dos a cero. Estudiantes se debatió en su propia impotencia mientras los de Dabove se replegaban todavía más y Braghieri jugaba a pegarle todavía más lejos en sus rechazos a la nada. Pum para arriba, tres puntos para el equipo luego de muchas heridas. Entró Ángel Romero, al final, un pequeño permitido que se dio el DT como diciéndole: el que mando soy yo, cuando quiero entrás, cuando me parece te quedás en el banco. Ángel asistió a Herrera y tapó Andújar el que hubiera sido el tercer gol totalmente exagerado hacia el final del partido.

Se ganó. Respecto del juego, de la consistencia del crecimiento del equipo hacia un estilo o identidad se volvió a constatar que se está muy lejos. Pero armar un equipo a veces es encontrar esos jugadores poco queridos por los hinchas pero funcionales al conjunto. En el 2007, en el San Lorenzo campeón de Ramón Díaz, los hinchas pedíamos siempre el tridente ofensivo: Gata Fernández; Lavezzi y Silvera. El DT pocas veces los juntó. A veces jugaban una dupla, en otras ocasiones la otra. Y uno se preguntaba: ¿por qué no lo saca a Hirsig o al Malevo Ferreyra y atacamos con los tres? Los dos apuntados eran menos brillantes pero consideraría el técnico que le aportaban cierto despliegue, funcionalidad, equilibrio o vaya a saber qué. De eso se trata, de que el equipo se encuentre más allá de los nombres, en un funcionamiento. Y saber leer los momentos de los jugadores y el partido. Se ganó. Atajó bien Devechi. No se recibieron goles. Falta mucho, muchísimo para que cada partido de San Lorenzo no penda de un hilo y que los resultados sean coherentes con un mejor andar en el juego y la ausente mitad de la cancha. Que la tranquilidad de abandonar la cornisa, el precipicio, le den al técnico y al plantel la posibilidad de intentar consolidar un equipo. Otra oportunidad que le da a San Lorenzo el azar zigzagueante de los resultados de un deporte hermoso.