No ser menos que nadie

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros VEINTE RELATOS CUERVOS y CUARENTENA DE RELATOS CUERVOS.

Después de ver el partido de San Lorenzo en esta segunda jornada del torneo, te das cuenta de algunas cosas. Que lo que hace mal, a veces, es tener un horizonte de expectativas demasiado alto. Este mismo partido lo jugó Pizzi dos años atrás y se le ocurrió que sumando individualidades talentosas iba a golear a superar a los santigueños, tanto pareció así que jugó sin cinco en la mitad de la cancha. No era que puso un cinco de juego y faltó uno que raspe, jugó directamente sin volante central y San Lorenzo había comenzado ganando uno a cero. Pero el cuento terminó mal, y Central Córdoba nos hizo cuatro, que pudieron ser siete u ocho si definían mejor unos contraataques que tuvieron.

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Que al fútbol se juega con un cinco y se acabó, razonó Montero. Y a Gordillo no lo sacan ni en camilla, una especie de emblema en un equipo huérfano de juego, pobrísimo desde lo estético, pero que suda la gota gorda. Entonces, nos sentamos a ver tranquilos al ciclón, no compramos facturas porque era demasiado cerca del almuerzo, y además porque esperábamos poco. Y tuvimos poco, es que lo que va logrando Montero es hacer partidos parejos pero no vas a ser una aplanadora contra nadie, eso queda claro. Gordillo y Ortigoza, los pibes que corran por los costados. El Tanque que aguante, la Uvita que sorprenda. Cuatro atrás que vayan ganando en solidez. Buen partido del pibe Flores, otra vez. La zaga juvenil que completó Gattoni, de partido sobrio. Los santiagueños erraron goles, es verdad. Lanzaron a las nubes penales en movimiento, desbordando sobre todo por el lado de Bruno Pittón. Salvó un par Torrico también, un baluarte.

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San Lorenzo no había podido siquiera hacer pie en el partido, tener una circulación de la pelota, una tenencia mínimamente coherente. Y se encontró con el gol en un impecable derechazo del pibe Sabella, que después también tiró un centro picante que no pudo definir Alexander Díaz. Lo ves al pibe entrarle así a la pelota y te decís: pero si este pibe es bueno. Y después cuenta, cuando lo eligen figura del partido: Paolo me pidió que le pegara al arco. Que a veces el fútbol parece tan fácil, que entendés que para meter un gol hay que pegarle al arco. En la primera, en la única casi que tuvimos en el primer tiempo.

Y uno dice, pero si los pibes son buenos, pero el partido no traduce la tranqulidad de un dominio de San Lorenzo ni nada parecido. Que para construir un equipo mínimamente confiable falta muchísimo. Uno a cero. Sin elevar el horizonte de expectativas porque pudo ser uno a uno tranquilamente, y hasta pudo haber sido lo más justo. Hizo los deberes San Lorenzo, punto. ¿Se le pueden pedir peras al olmo? No, pero algo cayó cuando lo sacudieron. Un poco de temple, de actitud, de trabar, de correr como el Gordo hasta el final completando noventa minutos, como el Perrito presionando una salida. Con pico y pala.

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-Ahora, viene la Reserva de Boca, chicanearán algunos. Lo importante será tal vez mantener mesurado el horizonte de expectativas. Hay que aprender de los ciclos anteriores, como en el de Soso, en que cuando sortearon el grupo en que se definía el campeonato, algunos cuervos dijimos: grupo accesible. A los dos partidos, habíamos quedado afuera. El fútbol, cuando pensás que lo tenés, lo perdés. Paso a paso. Aumentando la confianza de a poco. Dientes apretados, disputando cada pelota como si fuera la última. En esa lucha no por ganarle a todos, sino por no ser menos que nadie.

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