Mediocampista por delantero, cambiar para que nada cambie

*por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de «Veinte Relatos Cuervos»

Hay múltiples formas de entender el fútbol. Cada hincha te armaría un once ideal distinto, más si vemos la tabla y dónde está San Lorenzo. Equipo que gana, no se toca reza el refrán. Pero en equipo que empata y pierde no queda nada sin sugerir. La titularidad es una arena movediza en la mente del hincha, que puede sacar un jugador porque tiró un centro por detrás del arco en la última jugada, esa que nos daba la última esperanza de torcer el destino. Todos somos técnicos, viejo. Y si perdés, peor. Y si vas último, ni te cuento.

Todos somos técnicos y armamos el once ideal pero el buzo lo tiene uno solo, Jorge Almirón. Que debe contar con más información que nosotros para tomar las decisiones. Una cosa es segura: si el equipo sigue sin ganar, él se va a hundir también. El capitán del barco se hunde con la nave, no hay otra.

Voy a describir ahora a dos tipos de técnicos.

Unos que son más permeables al sentimiento popular, y pueden decidir pensando de alguna manera también en el hincha. Me viene el recuerdo del profesor Castelli, el DT que dirigiera al ciclón en la década del 90. Si San Lorenzo iba perdiendo o empatando y no servía, sabíamos que el Profesor iba a sacar al lateral derecho y poner a otro 9. Y en el momento, el cambio gozaba de la total aprobación de los que en la tribuna estábamos. Que había que quemar las naves, defender con tres, con dos, con el arquero solo.

Existen otro tipo de técnicos, que dirigen el partido asépticamente, concentrados en que lo que se laburó en la semana y que no se dejan llevar por lo que ocurre en el partido o la pasión del hincha. Que piensan en el fútbol como un sistema en que dos más dos no es cuatro. Que discuten, con sus cambios durante el juego, que la acumulación de delanteros no implicaría atacar mejor. Almirón parece ser este tipo de técnico. Con el partido en la cabeza, programado, decidido el sistema de juego. Defendemos con tres, con cuatro, con cinco. Ganamos o perdamos, seguimos así. Puede haber cambios, pero fieles a la idea del DT sin importar cómo pueden ser interpretados. Y te encontrás con que, perdiendo de local, ordena el tipo de cambios: lateral por lateral. Y, el más antipopular para el hincha, mediocampista por delantero. O sea, en el momento en que la gente quiere empujar, alentando y exasperada también para ir hacia adelante, para atacar, para empatarlo, el DT en su salsa ordena el cambio mediocampista por delantero. O volante por volante. Y, para colmo, no tiene la suerte de que el ingresante convierta un gol y lo haga quedar como un gurú del fútbol. No, el equipo acrecienta su palidez, su anemia, su inercia que lo sepulta inevitablemente en la derrota.

El debate, ante los resultados adversos, consiste tal vez en cómo enfrentarlos. Vimos a Marcelo Bielsa en el banco argentino en el 2002, a menos de diez minutos de quedarnos afuera del Mundial y con todos queriéndonos comer el televisor: Crespo por Batistuta. Nueve por nueve. El sistema, la idea no se toca. En definitiva, siempre mandan los resultados. Pero el riesgo del DT aséptico es mayor. Si Bielsa hubiera sacado a un defensor, hubiéramos pensado que hizo todo lo posible para revertirlo y que el equipo dejó todo en la cancha, aún si los suecos nos hubieran clavado un segundo gol de contraataque. En cambio, perder encerrado en tus cavilaciones, entendiendo vos solo tu propio sistema, es más riesgoso en el pensar popular. Hay miles de ejemplos así, los técnicos italianos ganan y pierden defendiendo con cuatro. Triunfan y mueren así. Pero el riesgo es mayor, porque a la derrota se le tiene que sumar no haber interpretado el momento anímico del partido ni el sentimiento del hincha. Te van a insultar por perder y también por no haber ido al frente.

En eso estamos, en la última posición. Queriendo ser todos técnicos, proponiendo decenas de cambios. Pero el DT es uno solo, como sabemos. Y lo miramos en el día del partido cavilando en el banco, mientras los hinchas quieren patear el tablero, esperan una reacción. Y sus modificaciones sentimos que no cambian nada. Lateral por lateral. Mediocampista por delantero. Volante por volante.

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