La pandemia “emocional” del futbolista

Por Dr. Marcelo Roffé, Lic en Psicología. Master en psicología del deporte en España. Trabajó con José Pekerman en las Selecciones de Argentina y Colombia y es presidente de la Sociedad Latinoamericana y del Caribe de psicología de la actividad física y del deporte especial para TELAM

La pandemia posee tres vertientes relevantes: la sanitaria, que se cobró en nuestro país mas de 74 mil muertos (un Estadio Monumental lleno para los que no toman conciencia); la económica, que aumentó la pobreza del continente y la de nuestro país, y la emocional, de la que se habla muy poco y que incrementó la desazón, el aislamiento, la depresión, el insomnio, los divorcios, la violencia doméstica o los episodios de ansiedad. En esta columna nos centraremos en el punto tres.

Los 26 años que llevo como psicólogo de campo aplicado en el fútbol que me posibilitaron trabajar con 13 equipos y mas de 3.500 futbolistas, me motivaron a escribir muchos libros, siendo el primero “Psicología del jugador de fútbol: con la cabeza hecha pelota” en 1999. Si de algo puedo hablar o escribir es de la cabeza de los futbolistas. Ser futbolista es ser jugador-juguete y es convivir con la incertidumbre de que en un minuto cambia todo.

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Hoy incertidumbre de la pandemia “mata” incertidumbre del fútbol. Palabras comunes como Covid-19, confinamiento, burbuja, protocolo, alcohol en gel, contagio, distanciamiento social, lavado de manos, etc. pasaron a ser cotidianas. Estamos hoy en el peor momento de la pandemia y el fútbol es una parte de esa realidad. Pareció haber cierta relajación en parte de la sociedad los últimos meses y allí es donde talla la responsabilidad individual como fundamental.

¿Es el fútbol esencial? Desde una mirada alimentada por la pasión lo es. Es industria del entretenimiento, el refugio de millones de personas que son felices mirando un partido. La Argentina está entre los países más futboleros del mundo. Con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Según el filósofo Byung-Chul Han en su libro “Buen entretenimiento”, “en lo referente a la salud, la razón no es adversaria del entretenimiento… el entretenimiento estabiliza la relación social existente, con imágenes e historias establece lo que es y lo que tiene que ser”. Y agrega “el trabajo es para el hombre el mejor modo de disfrutar su vida”. Si no juega, no trabaja y entonces no disfruta.

Pero desde la mirada del jugador que toma decisiones en cancha esto de salir a la cancha siempre a cumplir, como sea, aunque veinte compañeros se hayan contagiado y vos no sepas tu destino, sin apoyo psicológico en el 80% de los equipos profesionales que los ayuden a trabajar sus miedos, entre ellos a contagiarse, a lesionarse, a que no les renueven el contrato, preocupados por sus familias, etc. puede volverse difícil. Atiendo actualmente a un jugador profesional que se contagió de Covid-19, hace cinco semanas que no puede entrenar porque hizo una neumonía bilateral y esto, aunque idealizamos la fortaleza física, pasa. Y además merodeó una depresión. Es un ser humano antes de un futbolista, no es un robot y le pasan cosas como declaró el recordado “Morro” García antes de suicidarse en febrero de este año mientras cursaba Covid-19.

¿A quién le importa la salud mental de los futbolistas? Lamentablemente a muy pocos. Se cuida más el físico que la mente del futbolista. En Europa, los jugadores no fueron vacunados, al igual que acá, pero la diferencia es que los hisopan con más frecuencia y con test más sofisticados. En distintos países de Europa hubo hasta seis casos en el peor momento, pero nunca 20 como acá. Conmebol tiene otra organización, otros recursos y otros controles.

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¿Entonces era necesario parar la pelota y levantar la cabeza que estaba hecha pelota? Parecería que si. Que el jugador-juguete en tiempos de pandemia se sustrae de la industria que lo absorbe y angustia, y puede como el resto de la sociedad estar en familia hasta que pase el temporal…mas no sea nueve días. Aunque también trabajar y jugar lo dignifique como a cualquier trabajador, pero un poco más…

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