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La lucha que se pierde es la que se abandona

Opinión

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor del libro “Veinte Relatos Cuervos”

“La diferencia entre poco y nada, es mucho”. Alfredo Grande

Siempre se puede ganar, empatar o perder. Jugar bien, más o menos y mal. O muy mal, como ayer San Lorenzo el primer tiempo. Monárriz dejó en cancha el equipo que venció a Vélez, una decisión discutida por contar con más variantes por las vueltas de Gaich y Herrera del sub 23. El equipo no fue protagonista del partido y se paró para contragolpear. No sabremos nunca si fue una decisión estratégica del DT o San Lorenzo jugó tan mal que sólo le quedaba contraatacar. Talleres lo superó de punta a punta, con apellidos de menor renombre pero con jugadores que mostraron gran dinámica ante el estatismo posicional de los de Monárriz. Los cordobeses superaron al ciclón durante los 90 minutos, está fuera de discusión. Ni que hablar cuando la expulsión de Ramírez dejó a San Lorenzo con uno menos. Entretiempo. Cachila Arias y Gaich, a la cancha. Afuera, los hermanos Ángel y Oscar Romero, que no volvieron con el equipo al campo de juego.

Dos rapiditos: Palacios y Uvita; y un Tanque para atacar más alguna trepada de los laterales. Los demás, a ponerse el overol y pelearla, fue la intención de Monárriz. Un Dt que nunca hace un cambio de los que le gusta a la gente. Contra Vélez tampoco, pero ganamos. No se dio esta vez, como vimos. A los 6 minutos del complemento, el derechazo inapelable de Menéndez adelantó a los cordobeses. Se lesionó Uvita, adentro Torito Rodríguez. Un cambio casi que denotaba la intención de perder por poco, que se hubiera entendido si era el encuentro de ida de un mano a mano por una Copa. Jugó fuerte Monárriz, exasperando al hincha y sacando a los dos pretendidos intocables del equipo.

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Y, curiosamente, con el equipo en apariencia modesto que quedó en cancha, San Lorenzo igual pudo plantarse en ese partido cuesta arriba. Pudo tener un poquito la pelota, con mucho overol y yendo para adelante en algunas ocasiones. Un poco. Pero, como dice la sentencia del psicólogo Alfredo Grande, “la diferencia entre poco y nada, es mucho”. Y ese intento del San Lorenzo limitado, de esos hombres que no se quedaron en el vestuario, fue más digno que el primer tiempo. Dos corajeadas de Gaich provocaron la expulsión del arquero cordobés, y la situación más clara, que quedó en los pies de Bruno Pittón, que le pegó mal. Pero ¿qué le vamos a decir a Bruno, que lleva corridos kilómetros por la banda izquierda desde que llegó? Que es el goleador del equipo, un tipo que va para adelante con sus errores. O los cruces finales de Gonzalo Rodríguez, un jugador de indiscutible trayectoria y que se bancó innumerables veces ser suplente. Incluso Poblete dejó la piel en la cancha, luego de los cuestionamientos del partido vs Newells. Ni que hablar de Torrico, sacando una bola imposible en el minuto 95, cuando ya no quedaba nada. Es que la diferencia entre poco y nada es mucho. La nada es quedarse en el vestuario mientras los compañeros hacen lo que pueden en la cancha y faltándole el respeto a los colores de San Lorenzo. La nada fue la actitud y lo que jugaron los hermanos Romero en el primer tiempo.

Que San Lorenzo se hizo históricamente con otro altruismo y valores. En 1915, San Lorenzo jugó la final por el ascenso un 1 de enero vs Honor y Patria. Un 1 de enero, con un calor de mil demonios y sin cobrar un peso esos jugadores de fútbol amateur subieron al ciclón a la primera división. Un ratito después del brindis de fin de año consumaron la hazaña. Que el vasco Ángel Zubieta, vasco y prócer capitán cuervo de los años 40 conmovía con su entrega y por cómo dejaba la piel en cada partido ya en el fútbol profesional. Hay muchos casos y próceres azulgranas y el mejor lugar para rememorarlos es el programa radial “San Lorenzo ayer, hoy y siempre” de los hermanos Res, guardianes de la vuelta a Boedo. Por supuesto que era otra época, otros paradigmas y valores sociales que es injusto comparar con el capitalismo de mercado global de hoy.

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Pero vengamos más acá entonces, al 2014. Seminifinal del Mundial de Clubes vs Aukland City. Ganábamos 1 a 0 y el Patón Bauza lo llama al Pipi Romagnoli, el multicampeón que estaba en el banco. Había decidió que entrara, dándole las últimas indicaciones. Entonces, sobreviene el gol del equipo neozelandés que puso el 1 a 1. El Pipi, que estaba a punto de entrar, se volvió al Patón y le preguntó algo así: -¿Seguís queriendo que entre? Decidí tranquilo. El Patón cavilaba y le dio una palmada en la espalda: -Sí, entrá. Esa actitud humilde y de pensar en función del equipo fue tan extraña ayer en los hermanos que se quedaron en el vestuario. Tuvo sus errores o decisiones polémicas como cualquier mortal el Pipi (pre-contrato con el Bahía de Brasil) pero siendo el jugador con más títulos en nuestra historia aceptó ir al banco.

Como dice el adagio que encabeza esta nota, hijo de las luchas sindicales, la única lucha que se pierde es la que se abandona. En la derrota de ayer, me quedo con los que se quedaron perdiendo y luchándola hasta el final. En actitud, los picapiedras le dieron una lección abrumadora de comportamiento deportivo y dignidad a los pretendidos que se creen más de lo que son. La humildad y generosidad hicieron la historia grande de San Lorenzo. Una pasión que se hizo gloriosa en las buenas y en las malas. Pero que nunca, pero nunca se abandona.

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