La dinámica de lo impensado. Análisis desestructurado del mercado de pases cuervo

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor del libro “Veinte relatos cuervos”.

Supongo que hay dos variantes a la hora de reforzar un equipo. Una primera puede ser apostar a un jugador que anduvo muy bien en un equipo chico, del ascenso. Cuando compramos al Pocho Lavezzi, había andado bien en Estudiantes de Caseros. Cuando incorporamos al Mágico González, era porque jugó bien en Deportivo Maipú. Ahora, no sabemos ni cómo juega. Sin minutos en primera ni en Reserva casi. Allá lejos en el tiempo, para el torneo 89/90, incorporamos a Diego Díaz, goleador de Deportivo Riestra. El hoy animador televisivo jugó tres partidos, aunque todavía recuerdo un par de goles que nos metió después, con la camiseta de Platense.

Otra variante a la hora de reforzarse es comprar a jugadores que no anduvieron muy bien en equipos importantes. Es la elegida por San Lorenzo en este mercado de pases. Trauco, Mancuello, los colombianos Loayza y Torres. Monetti, tal vez la excepción. Más fáciles de incorporar porque sus equipos de origen no hacen casi ningún esfuerzo para retenerlos, más bien lo contrario. El ex Independiente fue incluido en el seleccionado de los peores del fútbol brasileño en una revista del mencionado país. Es apostar a que se renueve a alquimia entre el entrenador y él, cuando hacía tres años jugaba en Independiente. Que anduvo bien Mancuello, pero el Rojo mucho que digamos no ganó. También nosotros podemos decir que anduvieron bien Fabricio Coloccini; Senesi; Reniero aunque hayamos ganado poquito. Vigésimo tercero de veintiséis. Almirón los conoce, esa es la cuestión. El Pampa también conocía a la mayoría de los pibes que promovió al primer equipo en su paso exitoso por la Reserva. Esta forma de incorporar supone que, lo que no funcionaba tanto en Colombia, puede hacerlo en el fútbol argentino. Y puede ser, vaya uno a saber. A James Rodríguez no lo conocía ni el loro cuando lo fichó Banfield y salió campeón. Y lleva varios años en las primeras ligas de Europa.

La colombianización de San Lorenzo, como su técnico, tiene entonces crédito abierto. Si algo caracterizó al equipo en estos últimos meses fue leer el once inicial y saber (tristemente) lo que podíamos esperar. Una potencialidad, una técnica indudable pero que no se concretaba casi nunca en la cancha. Era una potencialidad impotente, estéril. Mirábamos al banco, ensayábamos cambios para jugar a lo mismo. Era una previsibilidad irritante. Nos hacían un gol y sabíamos que íbamos a perder. Con un amigo, a veces comentábamos esto y decíamos: ¿Se retiró Ronaldinho? ¿Sabés cómo lo traería a San Lorenzo? Ponés a ese hombre en la cancha y pensás que puede jugar a algo, y vendés abonos aunque no pueda correr ni el colectivo. ¿Cómo dejó tanto Simeone a Félix Orode, el nigeriano, en el bando? Ponelo, para romper la previsibilidad irritante. Que para rutinaria ya tenemos la oficina en la semana. Eso son lo bueno de estas incorporaciones. Son un signo de pregunta. Con piel caribeña, la deben saber parar por lo menos. Ponelos, Almirón, Queremos que nuestro fútbol vuelva a ser una sorpresa, o como dijera el gran Panzieri, la dinámica de lo impensado.

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