Hubo un tiempo que fue hermoso

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor del libro “Veinte Relatos Cuervos”.

 

El fútbol es una montaña rusa. Que subís, que bajás, que terminás dado vuelta. A veces, más bajadas que subidas, como en los últimos partidos. Había perdido seis de siete San Lorenzo, hasta el sábado.

No había pasado gran cosa en el primer tiempo, salvo el mano a mano que tuvo Gaich y tapó el arquero del Bicho. Y viene Oscar Romero a tirar un córner, que lo pateó como el diablo, para que cabecearan las cucarachas, los escorpiones, un centro de mierda. Y Argentinos la rechazó en el primer palo. Y le vuelve a caer a Romero sobre la izquierda, ahora un córner en movimiento y curiosamente con la defensa visitante saliendo. O sea, el error se constituyó en una oportunidad de descolocar al adversario. Y ahora sí Oscar le pega un centro preciso, con rosca, con efecto alejándose de la posición del arquero para que lo conectara Gonzalo Rodríguez para el primero del ciclón. A veces se alinean los astros, y hasta los errores propios te permiten desequilibrar al rival y sacarle ventaja. Y el fútbol, como dijo una vez el Bambino Veira, es un estado de ánimo. Y San Lorenzo continuó mejor, y los Romero tiraron fantasía, Ramírez aportó buen manejo y conducción con velocidad. Y arriba el tanque Adolfo Gaich pivoteando.

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Jugada de los Romero, y Oscar otra vez metiendo el centro para que Gaich salte y conecte para el segundo. El grito contenido del pibe, sacándose la furia por las oporunidades que no le habían dado. Que para nosotros el tanque eran los goles en la Selección Argentina juvenil y diez minutos nerviosos jugados en contextos desesperados y partidos horrorosos de San Lorenzo. Dos partidos de titular, un gol. Crédito abierto, los desbordes pueden tener ahí un receptor que se imponga por presencia física y olfato goleador. Que al fútbol se juega con un nueve, no como intentó Pizzi en Parque Patricios.

El tercero de Ángel Romero, de penal. Para coronar un primer tiempo que se pareció demasiado a la perfección, sobre todo por cómo venía el equipo. Así terminó ese primer tiempo, que fue hermoso.

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La etapa complementaria estuvo casi de más y sirvió para asentar la labor de los centrales, que ayer se mostraron sólidos. Ferrari, Cachila, Gonzalo. El pibe Herrera volvió a rechazar con las chancletas en algunas ocasiones, pero la defensa no pasó mayores sobresaltos. Un triunfo que sirve para sumar, sacarse una racha insoportable de encima y ganar tiempo.

Tres puntos, tres partidos quedan. Habrá que seguir sumando para, con la cabeza fría y sin las urgencias de una coyuntura desesperante, poder redefinir el proyecto de fútbol. Un Dt, una idea, y la realidad inocultable de los pibes que vienen empujando de atrás y pidiendo pista. Como cantó la Gloriosa, que griten todos vamos vamos los pibes. Trasvasamiento generacional, como dijo el General. Pero todo en su medida, y armoniosamente.

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