Hora de empezar de nuevo

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros Veinte relatos cuervos y Cuarentena de relatos cuervos.

Siete meses sin jugar estuvo San Lorenzo. Y noventa minutos más. La expectativa de ver frescura en el equipo duró más o menos cinco minutos, cuando casi Argentinos Juniors se adelanta en el marcador. Apareció más entero el equipo de La Paternal en esa cancha siempre difícil. La última foto del equipo azulgrana, allá en marzo, mostraba un San Lorenzo transitando un envión curiosamente ganador con la dupla técnica interina de Tocalli-Romagnoli. Estaba dulce el equipo, pero el impulso fue interrumpido por la cuarentena y ya nadie recuerda el último once inicial de esa alineación sin googlear. Si el gobierno dijo que priorizaba la salud a la economía, imagínense el fútbol, que casi quedó en el último orejón del tarro.

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Y bien, volvió a jugar San Lorenzo y es una buena noticia. Que el equipo de Soso comenzara a mostrar sus cartas. O mejor, referenciarse, esa consigna que se escuchó decir al DT y que despertó comentarios risueños de los periodistas a cargo de la trasmisión. Referenciate, le gritó a Oscar Romero. En un equipo que no tuvo brújula ni sostuvo bien el partido. El terreno parecía inclinado hacia el arco de Monetti, que tuvo un partido desconcertante. A punto de hacerse un gol increíble, alternando buenas y malas con los pies y sacando un cabezazo espectacular sobre el final del primer tiempo. El equipo, en cambio, no tuvo casi altibajos. Sobre todo porque no tuvo altos en casi ningún momento. Algún contraataque enhebrado pero San Lorenzo parecía avanzar con el freno de mano puesto.

Una cosa es hacer fantasía con la pelota en una transmisión a través de Zoom en que son especialistas los hermanos Romero y otra bien distinta es jugar en esa cancha de dimensiones reducidas y luego de siete meses. Le costó físicamente a San Lorenzo el partido. Recuerdo una anécdota de mi escuela secundaria. El profesor de Educación Física nos tomó el test de Cooper, debiendo dar una determinada cantidad de vueltas a la cancha del colegio en el lapso de 12 minutos. Yo, que lejos estoy de ser un atleta, me decía: voy a empezar regulando para hacer el gasto principal al final. Pero comenzaba regulando, continuaba igual y terminaba exactamente de la misma forma no habiendo cambiado nunca el aire, desaprobando. Y San Lorenzo pareció estar siempre a segunda velocidad ayer, no pudiendo mantener el dominio del partido en ningún momento. También imposibilitado de acelerar o cambiar de ritmo. De tanto ir el cántaro a la fuente, de tanto atacar Argentinos Juniors terminaron haciendo figura a Federico Gattoni, el central juvenil que los cuervos festejamos su inclusión. Dio la impresión de que llevaba largo tiempo jugando de titular, mostrando seguridad, personalidad y el porte físico necesario para esa posición. Gattoni y Donatti, la dupla central apareció entonces con un rendimiento aceptable.

Un Monetti desconcertante por lo irregular, en Menossi desconcertado y del medio para arriba poquito y nada. Un cabezazo de Peralta Bauer tras pase de Oscar Romero que me hizo acordar a un gol de Romeo en Córdoba en el 2001, pero éste testazo describió una parábola terminando afuera sobre el palo izquierdo del arquero. Un contraataque de Ángel, en que nuevamente no pudo definir el pibe llegando tarde o no siendo el pase del paraguayo lo suficientemente preciso. Dos aproximaciones al arco, en un partido aburridísimo.

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Movimientos pesados, a San Lorenzo le faltó físico y fútbol. Como cuando, después de tantos meses de cuarentena, nos parece imposible caminar diez cuadras sin refunfuñar o hacer dos trámites cuando en el devenir cotidiano hacíamos decenas. Aletargado por tanta cuarentena, se nos cortó el envión en que venía el equipo. Y es hora de empezar de nuevo.

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