¡Hasta siempre, querido Diego! / San Lorenzo de Almagro

Lo amamos todos. Los Cuervos y Cuervas que crecimos al compás de sus hazañas, los hinchas de todos los clubes, los argentinos, el mundo. Amamos su fútbol, su sonrisa eterna, su rebeldía, su pasión, el arraigo por lo popular que le hizo conservar su esencia. Y nosotros, los sanlorencistas, lo amamos especialmente. Nunca se puso esta camiseta (aunque estuvo muy cerca), ni era hincha, ni había nacido en Boedo. Pero nos amamos mutuamente, él a nosotros, nosotros a él. Diego Armando Maradona falleció este miércoles 25 de noviembre, a los 60 años, y la tristeza es infinita. San Lorenzo de Almagro lo despide con la mayor admiración y gratitud, y convencido de que el querido Diego vivirá por siempre…

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“San Lorenzo tiene la hinchada más ingeniosa… Me habría encantado jugar con esa camiseta”, escribió Diego en su autobiografía, a modo de sentencia. Ese ida y vuelta con Maradona se dio espontáneamente y marcó el pulso de un romance eterno. Desde siempre, Diego y el Ciclón forjaron un cariño indestructible. Alguna vez contó que, siendo pibe, acompañaba a un amigo Cuervo al Gasómetro de Avenida La Plata, para disfrutar de los goles del Lobo Fischer y la calidad de Roberto Telch. Y que a pesar de ser hincha de Boca, quería mucho a San Lorenzo. Proclamó, incluso, que después de la del club de sus amores, el Ciclón tenía “la mejor hinchada del país”, elogiando la respuesta de la gente luego del descenso.

Hablar de lo que significó (como deportista, cómo símbolo, como mito) no tiene mayor sentido. Cada uno tiene “su” Maradona, moldeado a través de imágenes, recuerdos y vivencias. San Lorenzo estuvo a punto de contratarlo en 1993 y el propio Maradona confesó que una noche se fue a dormir creyendo que ya era el 10 azulgrana. Finalmente, el pase no se concretó. Supo jugar en el Gasómetro, siendo un chico de 16 años, vistiendo la camiseta de Argentinos. Y el pasado 30 de septiembre, Diego se sentó por última vez en un banco de suplentes, para dirigir a Gimnasia: fue en el amistoso contra San Lorenzo, en el Bidegain, que terminó 0 a 0. Ese día se abrazó con Marcelo Tinelli, recibió la casaca 10 azulgrana y nos emocionó a todos.

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Hay una imagen imborrable, que de alguna manera sintetiza ese romance: San Lorenzo visitaba a Boca en el Apertura 95 y, desde las bandejas superiores de La Bombonera, la hinchada del Ciclón ovacionó a Diego, ya en su última etapa como jugador. El Diez, de cara a la gente de San Lorenzo, juntó las manos, se inclinó, y le ofreció una inolvidable reverencia, que quedó prendida para siempre en nuestros corazones.

La reverencia –agradecida, emocionada, eterna– es nuestra, querido Diego. Nunca te olvidaremos. Y deseamos, desde lo más profundo de nuestra alma, que descanses en paz.

(Prensa San Lorenzo)

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