Felices los cuatro

Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros VEINTE RELATOS CUERVOS y CUARENTENA DE RELATOS CUERVOS.

La sonrisa de chiquilín de Gabriel Rojas al final del partido era la de todos los hinchas de San Lorenzo. Esa risa de purrete, la alegría pura brotándole por los poros, luego de un golazo que probablemente nunca imaginó. Piedra, papel o tijera. Qué tijera metió Gabriel, coronando su repunte desde que volvió saltando la orilla luego de una temporada en Peñarol.

San Lorenzo jugó más o menos como siempre, otra vez nos faltó un patrón en la mitad de cancha que manejara un poco más el partido, lateralizara el juego, hiciera correr la pelota, el tiempo, cuidando piernas y desgastando al rival. La dupla Elías y Sabella no lo logró del todo, pero no es justo caerle a ellos porque es un problema que viene de arrastre, zona huérfana de la cancha desde la partida de Néstor Ortigoza.

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Dos veces arriba en el marcador. Doble cabezazo en el área de Donatti que coronó Gattoni, el pibe que volvió a la titularidad con esfuerzo y necesita recuperar aquella confianza de sus partidos iniciales en Primera División. Pero empató Platense, otra vez desviándose la pelota en el Flaco Donatti, pero esta vez no sucediendo a ese hecho la debacle como en el partido ante Defensa y Justicia. Enfrente estuvo un muy digno Platense, algunos de cuyos nombres jugaban un par de años atrás en la B Metropolitana. Uno a uno entonces. Sabella tomó la pelota y le pegó al arco desde cuarenta metros, nadie imaginó el gol que tuvo lugar por la floja respuesta del arquero calamar. Otra vez la oportunidad de manejar el partido y adueñarse del trámite. Sin embargo, en una réplica la picó la Uvita Fernández por encima de la torre de De Olivera, que la sacó con un manotazo. Era por abajo, le dijimos a través de la tele los cuervos como hace siete años lo hicimos con Palacios en la final del mundo, como si fuera tan fácil. Si la tiraba por abajo y le pegaba en la pierna al arquero, le íbamos a decir que era por arriba. Y así. Pero sucedió otra vez el minuto fatídico sobre el final de la primera parte, en Brasil que lo terminen a los 44 el primer tiempo, qué sé yo. Floja marca de Peruzzi y Devecchi se volvió a llevar puesto al delantero. Con gestos ampulosos, se autoreprochó la ansiedad de no haber podido acompañar y dejar decantar la jugada que se perdía sobre la línea de fondo. Penal y gol. Dos veces tenerlo y dejarlo escapar. Dos a dos.

En el segundo tiempo, no arrancó muy claro San Lorenzo, Platense continuaba siendo un hueso duro de roer. Luego de los veinte, comenzó a dominar y llevar peligro al arco rival. Y llegó el instante mágico que el pibe Rojas no olvidará, el primer gol de su carrera. Doble pecho entre Di Santo y Uvita, y la pelota le queda arriba al pibe luego de pararla de pecho, que tira la tijera en el borde del área grande, colándose la pelota en el segundo palo del arquero. No me acuerdo ni cómo fue el gol, dijo luego del partido el primer sorprendido. Golazo y tres a dos.

Pocos cuervos sentimos alegría cuando ingresaron Melano y Troyansky. Pero este último cabeceó al gol un córner de la figura de la cancha Gabriel Rojas. Cuatro a dos. Curiosamente, el resultado que necesitamos en Brasil para llegar a los grupos de la Copa Libertadores. Pero eso es en cuatro días, por ahora nos quedamos con la sonrisa de nene de Gabriel Rojas mirando también la tabla con el ciclón en zona de clasificación hacia las instancias definitorias del campeonato. Tres goles de pibes surgidos en las inferiores de San Lorenzo, tantas veces ninguneados. Una noche que terminó feliz. Felices los cuatro.

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