Estamos mal, pero no tan mal. Un escrito sobre el empate con el pincha

* Por Sebastián Giménez, escritor. Autor del libro “Veinte Relatos Cuervos”

 Mal pero no tan mal, como la sentencia que hizo popular el programa de entretenimientos que conduce Guido Kaczka. Todos queremos que el ciclón juegue mejor, domine al rival y lo mate a pelotazos o lo empuje hacia el arco cascoteándole el rancho. Pero para saber cómo estamos, hay que poder ver de dónde venimos. No venimos de jugar el Mundial de Clubes o de ganar la Sudamericana. Venimos de ser vapuleados, completamente superados por Central Córdoba de Santiago del Estero y Defensa y Justicia. De ser peloteados por Patronato en nuestra cancha y por River en el gallinero. Por un arbitrio del azar (o no, por el descomunal Torrico) ganamos estos dos últimos partidos. Entonces, veníamos siendo un colador en la mitad de la cancha y una defensa de 5 que no alcanzaba a compensarlo. Monárriz leyó eso, enhorabuena. No se dejó llevar por la chapa del resultado y metió mano en nombres y en cómo paró al equipo. 4 atrás y doble cinco de contención en el medio. Debemos reconocer que Estudiantes no nos peloteó en ningún momento. Muy bien hecha la primera parte del juego, marcar, y estar compensados atrás. No sufrir sobresaltos. Hasta ahí, bien. Pero, invirtiendo el sentido de la sentencia de Guido Kaczka, no tan bien.

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Porque después hay que jugar. Eso que debían hacer los Romero, Ramírez y Fernández. Poco en el primer tiempo. Pero no solo por su propia responsabilidad. Bochazos largos de Donatti para la Uvita Fernández. Tomemos nota, el diminutivo del apodo obedece a su reducida estatura. Si le tirás un bochazo de 50 metros, el tipo no va a poder hacer mucho. Si el Barsa de Guardiola se limitaba a que Puyol le tirara bochazos de 60 metros a Messi, no le ganaba ni al Badajoz, viejo. Y San Lorenzo en el primer tiempo fue eso. Fue marcar pero no hacer pie en el juego por abajo en la mitad. Buscar a Pittón pero sin sorpresa. En ningún momento le quedó al Uvita o los Romero la pelota dominada en tres cuartos de cancha para encarar y asociarse. Así es muy difícil. Estamos mal, pero no tan mal.

Porque en el segundo tiempo, curiosamente San Lorenzo jugó los mejores minutos del partido en el primer tramo de 15 minutos. Hubo agresividad, tenencia de pelota, empuje, dinámica y la podíamos llevar al campo de Estudiantes por abajo. Y el gol, golazo de San Lorenzo traducía, y esto no es común últimamente, su mejor andar en el partido. Fue un gol lógico, podríamos decir, hasta merecido. ¿Hace cuánto no ocurría eso? Si el golazo de Gaich en el gallinero fue un arréglate como puedas, nene, que salió bien sólo por mérito del pibe. Esto no, fue una jugada asociada en que el toque de distinción lo puso el Uvita, con un taquito que desarmó a la defensa del Pincha, un pase al espacio para que explote la velocidad Ramírez con una defensa visitante desacomodada. Tiro al arco, rebote y la empuja Pittón. Que defendiendo con 4, también los laterales pueden llegar.

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Fue un oasis, un momento fugaz en que hasta no nos lamentamos de jugar sin 9. Estábamos bien, pero no tan bien parece. Porque vino un bochazo largo de Mascherano y Colocha no cubrió bien permitiendo el empate del pincha. Un baldazo de agua fría, a un equipo que le cuesta arriba todo el doble. Y así fue. Un poco de empuje, de córners tirados al divino botón porque a estos descendientes de Zubeldía no les vas a hacer ni en pedo un gol así. Y la sensación amarga de haberlo tenido, y haberlo perdido. O empatado. Y la certidumbre de que estamos mal, pero no tan mal sea dicho. Pero no tan mal.

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