Empezar de cero

*por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros VEINTE RELATOS CUERVOS y CUARENTENA DE RELATOS CUERVOS.

Siempre podés ganar, empatar o perder. El fútbol es un juego en el que puede pasar casi cualquier cosa. El tema es que San Lorenzo no pareció querer ganarlo en el partido en el Sur. No se vio un DT histriónico, enojado, cabrón porque el equipo no atacaba, más bien lo contrario. Se mantuvo con un semblante tranquilo Diego Dabove, como contentándose sólo con que la catástrofe ante los santiagueños no volviera a repetirse. Rasguñar un punto para sumar y poco más. Su Argentinos Juniors jugaba de igual a igual a los grandes, su San Lorenzo juega como un equipo chico. El primer tiempo fue un tiro de Oscar Romero de muy lejos que se perdió contra un palo y un tiro muy bueno de media distancia de Ciro Rosané que salvó el arquero. Pobre el pibe debutante, que mostró ganas, dinámica, criterio pero tuvo que arreglarse solo, en un equipo donde nadie ayuda a otro a destacarse. Tan carente de juego y de medio campo que los centrales se ven obligados a revolearla y saltar esa línea por elevación. Pobre hombre Alexander Díaz, su físico no tan espigado no lo ayuda a intentar pivotear esos pelotazos lanzados sin ton ni son por Braghieri, Gattoni, Flores. Pum para arriba. Todos abajo y Dios de nueve.

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En el segundo tiempo se vieron algunas cositas más, aún en la pobreza de solemnidad del juego. Alexander Díaz hizo una media vuelta linda que se perdió por arriba, aguantándola y girando entre tres del Taladro. En este equipo es difícil jugar de volante y de delantero ni les cuento. Todo lo tiene que crear el jugador, nada pero nada ayuda el juego colectivo. La defensa estuvo ordenada, los rivales poco lúcidos, nada filosos. Pero el orden no fue progreso, como en el lema positivista. El cero a cero se veía venir desde los quince del primer tiempo, cuando empezó a cortarse el partido por choques, infracciones y tardando demasiado en volverse a poner la pelota en juego. Pareció un segundo partido de Copa en que San Lorenzo había ganado tres a cero de local, no un partido de torneo en que el equipo precisaba ganar. San Lorenzo pareció dejar la necesidad de ganar para más adelante, pero no somos buenos intérpretes de la “media inglesa”, ya que nos cuesta muchísimo ganar de local.

Ordenados los del fondo, aunque revoleándola. Se destacaron Braghieri y Gattoni. En el medio, aceptable Rosané. Oscar Romero tiró pinceladas de calidad, esa gambeta hermosa sobre la punta a poco del final para el centro, pero el equipo juega por arriba, lo saltea voluntariamente. La sensación igualmente al ver el partido es que San Lorenzo juega igual, cualquiera sean los intérpretes, los Romero o la mar en coche. Con una pobreza de juego dantesca, estando a años luz de encontrar algo parecido a una identidad protagónica. El sistema de juego no ayuda a los jugadores y los jugadores no ayudan al sistema de juego. Un punto que lo deja vivo al equipo, si en algún momento se le ocurriera volver a ganar. Pero para lograrlo, hay que proponérselo. Si no, será difícil. El orden no siempre es progreso. Y hay que empezar de cero.

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