El Subcomandante Marcos. Despedida a Marcos Senesi

*Por Sebastián Giménez, autor del libro “Veinte Relatos Cuervos

Los periodistas lo buscan luego de vestir por última vez los colores que defiende desde el fútbol infantil. Indagan sobre sensaciones acerca de su transferencia al fútbol holandés. Que deja San Lorenzo, ese club que describe como su casa. Él atina a decir que le cayó todo después del partido. Avisa que no va a poder hablar, y lo invaden las lágrimas y la emoción. Tiene apenas 22 años, el futuro por delante Marcos Senesi. Se va después de dejar junto a sus compañeros al equipo puntero.

Posición jodida y a veces ingrata la de zaguero central. Y más en un San Lorenzo que fue de los peores de los últimos años. Le tocó bailar con la más fea, y salió airoso Senesi. Porque la zaga central de San Lorenzo sale de memoria en los últimos tiempos, aún en la mala. Pasaron distintos técnicos: Biaggio, Almirón, ahora Pizzi. Diferentes estilos. Pero la dupla central, inamovible: Coloccini y Senesi. Experiencia y juventud combinadas, se entendieron muy bien. Con la gran ubicación del más experimentado, el de la cabellera ondulada, esa rara habilidad de hacer que la pelota lo busque a él, estar en el lugar indicado siempre. Y Marcos asegurando la salida siempre por abajo e imprimiendo velocidad a los cruces.

Leé también Senesi se despidió de San Lorenzo este sábado ante Unión

En una posición a veces ingrata. Parecida a la del arquero, que como describió Eduardo Galeano en el excelente libro El Fútbol a Sol y Sombra, si se equivoca es gol. Todos recordarán que no salió bien, que se le resbaló la pelota, que hizo el sapo describía el escritor uruguayo. Otros jugadores transitan el medio campo o la delantera, y sus errores no tienen el mismo desenlace dramático. A Marcos le pasó algunas veces, claro. Cuando rechazó y le dio en la espalda a Bou vs Racing, cuando quiso tirar un caño sobre un lateral en la Copa Argentina. Y esos errores no echan mella en su calidad y enorme futuro como jugador. Además, no era responsabilidad suya que en ese último equipo de Biaggio o en el ciclo de Almirón, un gol significara la sentencia definitiva del partido ante la anemia ofensiva del equipo. Que el fútbol es un trabajo de a once sin dudas. Recuerdo en el 2014, cuando en una conferencia de prensa, un periodista le deslizó al Patón Bauza de que el colombiano Carlos Valdez había estado lento en algunos cruces. El Patón contestó, seco, de que él se quedaba con las muchas que había sacado. Es muy difícil defender en retroceso, para mí jugó bien, lo cortó en seco Bauza. Le iban a hablar a él, que fue zaguero central y conoce la posición mejor que nadie.

Leé también Pizzi expresó su ilusión de que mejore el funcionamiento de San Lorenzo

Además de los cruces salvadores, de las innumerables pelotas que sacó por arriba y por abajo, es un jugador con buen pie Marcos Senesi. Tiene una gran lectura del juego y no le da miedo agarrar la lanza y avanzar hasta la mitad o tres cuartos para dar un pase en cortada. Si a veces la revienta como cualquier zaguero, en otras ocasiones, si ve la posibilidad de jugar la pone bajo la suela y te puede conducir al equipo. Tanto que algunos hinchas a veces pedían que lo pusieran de cinco. De seis, de cinco pero siempre dentro del equipo Marcos Senesi. Dentro de San Lorenzo, como desde hace tantos años. Si el Comandante de la defensa es Fabricio Coloccini, Marcos fue hasta este último partido el Subcomandante. El Subcomandante Marcos. Se lo va a extrañar ahora que inicia su carrera europea, a la que se augura el mayor de los éxitos. Y con la ilusión de que algún día vuelva a vestir la azulgrana. Porque, como dijo en un inolvidable poema Aníbal Troilo: alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. ¿Cuándo? Pero ¿cuándo? Si siempre estoy llegando.

Artículos relacionados