Animarse a jugar

*Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros VEINTE RELATOS CUERVOS y CUARENTENA DE RELATOS CUERVOS.

¿Saben lo que le costó a San Martín cruzar la Cordillera? Casi como a San Lorenzo hacer un gol. Claro, el Libertador no tenía los medios que hay ahora, esos aviones que recorren en apenas un par de horas lo que le significó días y meses de durísima travesía por esas frías e imponentes cumbres nevadas. ¿Y San Lorenzo? ¿Dispone de mejores medios para llegar al resultado y superar la eliminatoria? Es bien relativa la respuesta. ¿Las individualidades solas hacen un equipo? Todo está en construcción, y antes del partido en Chile no había ni uno de los once titulares seguros en su puesto.

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Arrancó bien San Lorenzo, en los primeros diez, quince minutos. Herrera quedó en buena posición mandándose al ataque y le pegó con la chancleta, como nos tiene a veces acostumbrados. En otra jugada, Melano tiró un centro y Di Santo se anticipó en el primer palo cabeceando afuera. Lo que es la postura del nueve, que construyó de la nada misma su confianza luego de la corrida a lo Claudio Paul Caniggia frente a Huracán en la jornada anterior. Pibotea, gana, pierde, pero se lo percibe veloz y peligroso. Una verdadera pena no haberlo asistido mejor. San Lorenzo fue en ese primer tiempo esos diez, quince minutos y un ratito de Ramírez, al que siempre derriban luego de eludir al primer hombre. Luego de los quince minutos, el partido fue francamente tedioso, con la Universidad de Chile con limitaciones también para lastimar y con San Lorenzo intentándolo poco. ¿Cuál habrá sido el plan? Si era achatar el juego, quitarle toda peligrosidad al rival, controlarlo, se logró. Pero da la impresión viendo los noventa minutos, que San Lorenzo podía animarse más ante un rival no tan agresivo. Los centrales azulgranas llevaban de a ratos la pelota dominada hasta casi la mitad de la cancha, escondiéndose o brillando por su ausencia los receptores. ¿Quién agarra la pelota en el medio? Uno está acostumbrado a jugadores que la pedían, que se acercaban al central, al cinco, al grito de dámela loco acá al pie. Ahora, esa ausencia obliga al pelotazo y las jugadas se ensucian.

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El pibe Julián Palacios entró de titular para sorpresa de todos, casi como una concesión a los cuervos de la selva de Twitter, muchos de los cuales lo ponemos en nuestra pizarra de los once que deben salir a la cancha. De jugar en la Reserva donde metió un gol, a un puñado de minutos en el clásico. El pibe estuvo tal vez un poco nervioso por la ansiedad de aprovechar la oportunidad como el agua que se escurre entre las manos. Mostró cierto atrevimiento digno de mejor compañía y cometió foules cerca del área y una amarilla que pudo ser roja. Gordillo ganó muchas divididas, mostró entrega y buena ubicación. Al lado, falta alguien que distribuya la pelota, pero Elías se tiró demasiado a la derecha y aseguró hacia atrás los pases.

Una vez le escuché a Pipo Gorosito decir: uno arma un equipo, pero después los jugadores se sacan y se ponen solos. Braghieri estaba haciendo un partido normal, y se sacó solo al ser expulsado por un foul durísimo. Entró Gattoni, que aprovechó la oportunidad. Poco después del gol de los locales que abriera el partido, bajó de cabeza un centro para que Di Santo definiera concretando el empate. Un gol necesario, que deja a San Lorenzo con buenas posibilidades de avanzar. Casi inesperado, transcurriendo de forma taciturna el juego con un gol y un jugador menos en cancha. Un gol importante, porque el equipo no está afilado como para verse obligado a marcar un triplete si a la Universidad de Chile se le ocurriera convertir en el Nuevo Gasómetro.
Y bien, no había ninguno de los once jugadores seguros antes de empezar. Al concluir, podemos decir que los del fondo (excepto Braghieri) y Devechi tuvieron un desempaño aceptable, brindaron seguridad con buenos cruces del flaco Donatti y con el punto alto de Gabriel Rojas en la marca en el lateral izquierdo. Pibe que se fue calladito a Peñarol y volvió para intentar aprovechar la nueva oportunidad. En el medio, Gordillo, Ramírez. Arriba, Di Santo. Luego vimos ingresar a Torito Rodríguez, Pittón de volante y a Peruzzi. También entró Ángel Romero, que metió algunos lujos para aguantar la pelota solo sobre la izquierda.

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A San Lorenzo le costó una barbaridad atravesar la Cordillera del partido, y apeló al sacrificio más que al juego. Fue un partido de Copa, se jugó en general con solidez pero bordeando el amarretismo. Rechazando la pelota, sacándosela de encima, muy lejos de intentar amasarla debajo del pie para intentar construir juego y buscar. No dejar jugar al rival es bueno, pero afianzar tu juego te hace ganar en confianza y depender de vos mismo. San Lorenzo todavía parece un equipo en formación. Por esa guapeada en una pelota detenida, casi sin haberlo buscado, la serie está abierta. Abierta para mejorar, para fortalecer la confianza. Y animarse a jugar.

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